La pieza audiovisual galardonada recoge reacciones de alumnos a estereotipos de género deslizados a propósito por un profesor en el aula de 6.º B de primaria

En el minuto 1:49 del vídeo que ganó el premio nacionalEducando en Igualdad la cámara registra el instante en que una niña que acaba de levantar la mano aparta la vista del profesor y se gira curiosa hacia el objetivo. El vídeo capta esa mirada inquisitiva antes de fundir a blanco animado por un bullicio de fondo del que brota un grito claro: «¡Son mejores que los chicos!». En ese momento se desata el debate. En la clase de 6.º B de primaria del colegio Calasanz Escolapios de A Coruña, los chavales intervienen sin guion. Acaban de escuchar al profesor David García Anta repasando la lista de profesiones que se han encontrado en su excursión por el barrio y no reparan en que la lección está plagada, a propósito, de micromachismos. La frutera, el busero, el barrendero, la cajera del súper, las chicas anunciando ropa en los carteles publicitarios… El profesor Chechu Seoane Riveira graba lo que sucede y las reacciones de los niños cuando descubren la discriminación oculta. Una cría de 10 años dice con una leve impaciencia: «Tendríamos que empezar ya a ver normal que una chica pueda vestir como quiera, que pueda hacer el deporte que quiera, que pueda hacer lo que quiera». Un niño apostilla: «Y si quiere ser futbolista, que sea futbolista». Y otra: «El primer derecho que no tenía la mujer hace cien años era llevar pantalones…». Y otra: «Mi padre trabaja en la Compañía de Tranvías y antes no había conductoras de autobuses. Ahora empieza a haber». Y otra: «También te puede traer al colegio tu padre…». Y la cría sorprendida por la cámara, o al revés, un minuto antes: «Piensan que el mérito es de los niños, que las niñas no hacemos nada».

«La clase por el tejado»

La pieza audiovisual se titula Ocultas y pone el broche a una iniciativa ideada por David García Anta, director de Educación Infantil y Primaria del colegio, que la conectó con otro proyecto sobre el barrio promovido por el centro y otro más, creado por él mismo, La clase por el tejado, que incorpora las redes sociales de Instagram y Twitter como herramienta de aprendizaje.

Durante algo más de dos semanas los críos de 6.º B trabajan temas de todas las asignaturas siguiendo el hilo de su excursión por Los Rosales. Se fijan en la publicidad en las calles, las tiendas, los servicios públicos, se paran en los espacios verdes, los obstáculos para la movilidad, las fuentes, los bancos, los buzones… Llevan el plano del barrio a la clase de matemáticas y los hallazgos sobre la desigualdad a la de ciencias sociales. Para terminar, someten la experiencia a la Escalera de Metacognición, una herramienta enigmática y fundamental para detenerse y pensar sobre lo que han aprendido.

«Una habitación propia»

El vídeo dedica el último tercio del metraje a la lectura (con las voces en off de las niñas) del fragmento final de Una habitación propia, ensayo de Virginia Woolf capital para el feminismo. «El vídeo nos lo dio el propio desarrollo de la clase, los chicos y chicas hablando y reaccionando, y para terminarlo necesitábamos algo diferente, que le diera un plus, y qué mejor que las frases finales de Una habitación propia», explica Chechu Seoane. Y acaban las niñas de 6.º B: «Si vivimos la vida común, que es la vida verdadera, y si cada una de nosotras nos acostumbramos a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos. Si vemos a los seres humanos en su relación con la realidad, si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos, si tratamos de ver más allá, porque ningún ser humano debería limitar su visión… entonces, llegará la oportunidad».

«Nosotras lo tenemos claro. Tendrán que aprender los otros», invitó ayer una niña en un encuentro con periodistas en el que se encendió el mismo debate que aparece documentado en el vídeo. Entre todos contaron que las niñas tienen que pedir permiso a los niños para jugar al fútbol o usar el balón, es verdad que ahora menos que antes, dijeron, desde que las tres niñas futbolistas de la clase se hicieron con un lugar propio en el patio. Y también contaron que un día uno de los niños respondió que nadie tenía por qué pedir permiso para jugar. Fue el primero, lo señaló una cría y el resto lo reconoció y estuvo de acuerdo. Solo una niña, de las futbolistas, se revolvió en la silla y no paró hasta que se hizo oír en mitad del follón: «¡No es cierto!, la tres empezamos a jugar solas, contra el muro, cuando estábamos en infantil y sin pedir permiso a nadie». En el vídeo se había quejado de que «el mérito siempre es de los chicos».

M. CARNEIRO / LA VOZ DE GALICIA 

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