Las Escuelas Pías de Gandía fueron cuartel de Napoleón, cárcel en la Guerra Civil y muro de fusilamiento en el franquismo. Ahora, sus alumnos estudian con aprendizaje colaborativo, ‘gamificación’, ‘escape rooms’ y ‘flippedclassroom’

Allá por 1808 el Ejército de Napoleón desplegado en Gandía instaló su cuartel general en un ala del edificio del Real Colegio Escola Pía, donde alojó a sus soldados y puso en marcha una fábrica de fusiles. Pero era tal el alboroto que organizaban las tropas durante la instrucción que los alumnos no lograban concentrarse en clase. El arzobispo de Valencia, Joaquín Company, tuvo que rogarle al mariscal Suchet que los oficiales ordenaran silencio, porque la enseñanza era un asunto «prioritario».

Lo cuenta el historiador de los escolapios Enric Ferrer, mientras va enseñando, como si fuera un guía de museo, los rincones de este colegio: en el patio donde ahora juegan al baloncesto los adolescentes de la ESO fueron fusilados 20 presos republicanos el 31 de octubre de 1940.

Durante la Guerra Civil los republicanos convirtieron el edificio en una prisión, y ese uso se dio también durante los primeros años de la dictadura de Franco. También albergó una Academia Militar y un cuartel del Instituto Armado. Las paredes del comedor y la escuela de baile son la muralla de Gandía (siglo XVI), en cuyo torreón del Pino se celebra cada año la crida de las Fallas. El contraste lo pone una metodología innovadora. Los alumnos no tienen libros de texto y estudian mediante aprendizaje colaborativo, rutinas de pensamiento, flipped classroom y gamificación, se comunican con los hangouts de sus tabletas y van a extraescolares de yoga o mindfulness.

4 DE MAYO DE 1546

La Escola Pía de Gandía, que comenzó a construirse el 4 de mayo de 1546, es el colegio más antiguo de España en activo. Lo ha descubierto la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa), que antes de verano inició su búsqueda para reconocer el papel social que viene desempeñando la escuela a lo largo de los siglos y hacerlo formalmente en una ceremonia que tendrá lugar el próximo 26 de octubre, con motivo de su 90º aniversario. Todavía hay colegios muy antiguos que siguen impartiendo clase, como el Nuestra Señora de los Infantes de Toledo (1552), el San Isidro de Madrid (1572), el IES Cardenal López de Mendoza de Burgos (1579) o el IES Antonio Machado de Soria (1585) -según las indagaciones que ha realizado para EL MUNDO la Junta de Castilla y León-, pero el de Gandía es, por ahora, el que más se remonta en el tiempo, a juzgar por la información que tiene la Concapa.

Fundado por San Francisco de Borja, siendo duque de Gandía, el antiguo colegio de San Sebastián (y después Escola Pía) fue el primero de los jesuitas que se abrió a alumnos seglares. Su objetivo era educar también a niños moriscos en Secundaria de la época. La idea fracasó porque los padres de estos críos se resistían a llevarlos a clase, y el colegio acogió a estudiantes de todas las clases sociales, pues era gratuito, según cuenta el historiador Wenceslao Soto, ex director de los Archivos de la Compañía de Jesús en España.

«Antes, la inmensa mayoría de la población no iba al colegio. Los que estudiaban lo hacían con instructores particulares o bien en escuelas catedralicias, destinadas a la formación de clérigos. Entonces no existían los colegios públicos. En los colegios de la Compañía, también en Gandía, las aulas eran muy elásticas, de entre 30 y 50 alumnos, que se agrupaban en decurias, grupos de 10 en los que estaba al frente un alumno. El profesor podía tener ayudantes. Se estudiaban fundamentalmente Humanidades y Latín», explica Soto, que actualmente trabaja en el Archivo de los jesuitas en Roma.

ALBERGÓ LA UNIVERSIDAD DE GANDÍA

Soto recuerda que el edificio albergó también la Universidad de Gandía, que duró hasta 1772, poco después de la expulsión de los jesuitas de España. Entonces el inmueble fue reformado y pasó por distintos usos -proyecto de reales escuelas, una casa de misericordia y viviendas para familias necesitadas- hasta que, en 1807, fue transferido a los escolapios, que se hicieron cargo del colegio que ahora se conserva.

En la actual escuela, que comparte edificio con una sede de la Uned y una academia para adultos, estudian 900 alumnos de Infantil a Bachillerato. Las cosas han cambiado mucho en 473 años. Ferrer explica, por ejemplo, que entonces «no había la rigidez de hoy en día, había alumnos de edades mezcladas y los que iban bien pasaban al siguiente grupo sin tener que esperar un año». ¿Hay cosas en común? Soto apunta que los jesuitas seguían el llamado Método de París, que era una enseñanza «muy activa y poco memorística», donde el profesor daba media hora de introducción (el praelectio magistral) y luego se trabajaba por grupos. Había quaestiones para esclarecer con la discusión los puntos oscuros o dudas, repetitiones para repasar, concertationes semanales y compositiones en prosa o en verso. Por aquel entonces ya se enseñaba que la Tierra era redonda y Copérnico había planteado que el Sol era el centro del universo.

En el aula de 3º de la ESO C, donde se conservan las vigas originales del siglo XVI, los alumnos revolotean con sus tabletas atrapando códigos QR con datos climáticos que el profesor de Geografía, Llorens Mellado, ha colgado en las paredes. Siguen la metodología del aprendizaje basado en proyectos. El pasado curso, Mellado organizó una actividad para recrear la Guerra Fría y dividió la clase entre comunistas y capitalistas, separados físicamente por una hilera de sillas que eran el muro de Berlín. Otro proyecto consistió en unas elecciones generales donde los alumnos se convirtieron en candidatos del PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos y Compromís. Hicieron la campaña, prepararon debates y hasta alcanzaron pactos de investidura.

«NO QUIEREN ESTAR SENTADOS»

«Se implicaron mucho, decían que sabían de política más que sus padres», recuerda Mellado. «Esta forma de trabajar permite que todos los alumnos desarrollen al máximo sus habilidades. Voy cambiando de actividad porque, si no, se aburren. Ya no quieren estar sentados en una silla durante 45 minutos, así que se levantan, se mueven, participan. Al final se trata de hacer un aprendizaje vivencial».

La escuela de 1546 era predominantemente oral. Las lecciones se impartían en latín y los alumnos tenían que defender su tesis, que rebatían el maestro y los estudiantes. En la escuela de 2019, la oratoria ha quedado relegada, pero en la Escola Pía intentan paliar esta carencia insistiendo en la competencia comunicativa y grabando a los alumnos disertando en clase.

«Desde Infantil se forma a los niños para que pierdan la vergüenza», asegura Esther Perelló, maestra de los alumnos de cinco años, a los que ha sacado al exterior porque necesita «un espacio más amplio para aprender». Los niños participan en el Juego del Pirata: repartidos en equipos, tienen que pensar entre todos cómo rescatar el tesoro -un pañuelo- de lo alto de un rocódromo, desplazándose de un extremo al otro del jardín sin pisar el suelo. Los críos deliberan, se organizan, cogen neumáticos y ladrillos de Lego y organizan un sendero que les permite llegar a la meta. Después, hacen una autoevaluación para analizar las cosas que se han hecho bien y mal. «Cada alumno tiene un rol, que va cambiando cada trimestre, al igual que cambian los grupos. Les enfocamos para el futuro, donde se trabaja en equipo, porque entre todos se piensa mejor. Hemos visto que, al llegar a Primaria, cada uno sabe cuál es su don y qué es lo que más le cuesta, y no tienen problemas en pedir ayuda», añade.

COMO SHERLOCK HOLMES

Algo parecido cuenta Fernando Martí, profesor de 5º de Primaria B, que trabaja la ortografía con juegos en los que los alumnos deben buscar pistas, emulando a Sherlock Holmes, y utiliza en Matemáticas la gamificación, con personajes de Marvel y Mario Bros que tienen misiones, pierden puntos y ganan vidas en función de su desempeño, con distintos niveles y una recompensa al final. Martí trabaja con aula invertida o flipped classroom y herramientas que recuerdan a los escape rooms. Reparte, por ejemplo, hojas en las que hay códigos escritos con tinta invisible que los alumnos deben leer con linternas ultravioleta. En vez de temas, hablan de «episodios». Todos los materiales los ha elaborado él con Genially.

La Escola Pía de Gandía se transformó adaptando este tipo de metodologías alternativas hace cuatro cursos. «Al principio costó que los profesores entraran en los cambios, que requieren más trabajo, pero no podíamos vivir del pasado, porque los chicos estaban cansados de copiar los temas y seguir el libro de texto», explica Xavier Figueras, el titular del colegio, que defiende que la tasa de titulación de la ESO ha pasado del 80% al 98% en los últimos años.

Se calcula que, en estos casi cinco siglos, han podido pasar por el centro alrededor de 300.000 alumnos. Hay un lema colgado en una de las aulas de Primaria que se atribuye a Confucio y que vincula la escuela de los comienzos con la de ahora: «Aprender sin reflexionar es malgastar energía».

(El Mundo, 24 de septiembre de 2019)

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